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Pleitear contra la administración ahora nos puede suponer pagar las costas.

En el pasado mes de octubre se publicó la Ley 37/2011, de medidas de agilización procesal.
Dicha Ley, en su artículo tercero establece una serie de modificaciones que afectan a la Ley reguladora de la Jurisdicción Contencioso-admninistrativa.
Hasta la publicación de la Ley 37/2011, la costas en la Jurisdicción Contencioso-Administrativa, se imponían a la parte que sostuvo una acción o interpuso un recurso con temeridad y mala fe.
A partir de la entrada en vigor de la Ley 37/2011, se pueden imponer costas por el órgano judicial a la parte que vea rechazadas todas sus pretensiones.
Si se han estimado parcialmente las pretensiones de las partes, las costas comunes del proceso serán abonadas por mitad, y cada parte hará frente a los gastos correspondientes a su defensa y representación.
Ahora, debemos de actuar con toda prudencia asumiendo desde primera hora, que al iniciar un procedimiento contencioso-administrativo, podemos vernos condenados en costas si no se estiman todas nuestras pretensiones.

Fuente: Azira Abogados

Federico García Lorca, una experiencia vital. Por Ana Ramos Guerrero

Hace ahora 75 años llegaba a su fin en España el año 1936. Muchos murieron aquel año, entre ellos el poeta Federico García Lorca, una de las voces más singulares y poderosas que ha dado la poesía en español. Y mucho se ha escrito ya de las penosas circunstancias de su muerte, que le llegó recién cumplidos los 38 años. Estaba por regalarnos sus mejores libros, y es que por aquellos días él mismo se veía como un escritor en formación: “Yo no he alcanzado un plano de madurez aún… Me considero todavía un auténtico novel. Estoy aprendiendo a manejarme en mi oficio… Hay que ascender por peldaños… Lo contrario es pedir a mi naturaleza y a mi desarrollo espiritual y mental lo que ningún autor da hasta mucho más tarde… Mi obra apenas está comenzada”[1]. Recién comenzada y todo su obra es vasta y luminosa. Y de ella quiero hablarles hoy, si me lo permiten, de los libros y del espíritu del andaluz cósmico nacido en Granada en 1898, la experiencia literaria más deliciosa de muchos lectores, entre los que me incluyo.

No puedo recordar cuándo fue la primera vez que leí un poema de Federico, creo que entonces ni siquiera me habían salido los dientes. Supongo que todo empezó con aquel pequeño volumen de Canciones y poemas para niños de la colección Labor Bolsillo Juvenil. La lectura de según qué libros del autor entraña cierta dificultad, incluso para un público adulto, pero una gran parte de su obra es accesible para lectores de todas las edades. Aquellos primeros poemas que leí de Lorca siendo, ya digo, muy pequeña, me nutrieron como si estuvieran hechos de pan. Agradezco a Labor que pusiera en el mercado la edición tanto como agradezco a mis padres que la compraran. En la portada, un insecto de cuernos morados y panza amarilla a lunares verdes sostiene con una de sus cuatro patas rojas una fragante flor. Intuyo que no fui la única niña ni el único niño que se los tragó de un bocado: “El lagarto está llorando. / La lagarta está llorando. // El lagarto y la lagarta / con delantalitos blancos. // Han perdido sin querer / su anillo de desposados.”[2] Tal vez un niño no conozca el significado del verbo desposar, pero sabe mucho de lagartos y de lágrimas. Y para qué necesita un niño entender los versos que siguen, si puede simplemente merendárselos: “Un cielo grande y sin gente / monta en su globo a los pájaros. // El sol, capitán redondo, / lleva un chaleco de raso”[3]. El lagarto, la lagarta y el sol con su chaleco lloran tan maravillosamente bien en las ilustraciones de Daniel Zarza (Premio Nacional de Ilustraciones Lazarillo en 1964 y hoy catedrático de urbanismo, responsable de diversos planes generales de urbanismo) que a los pequeños no les queda duda de lo interesantísimo de la escena.

De todos es sabido que Federico García Lorca pasó su infancia en un pueblo de la vega granadina: “Mi infancia apasionada correteando desnuda por las praderas de una vega sobre un fondo de serranía”[4], y que con once años el poeta se mudó a Granada, aunque siempre volvió al campo por vacaciones. Amaba la tierra, y su amor por la tierra, y por extensión por Granada y Andalucía, impregnó toda su obra: “Mis más lejanos recuerdos de niño tienen sabor de tierra. Los bichos de la tierra, los animales, las gentes campesinas, tienen sugestiones que llegan a muy pocos. Yo las capto ahora con el mismo espíritu de mis años infantiles. De lo contrario, no hubiera podido escribir Bodas de sangre[5]. Fue precisamente en el campo donde tuvo lugar mi segundo encuentro con la literatura de Federico. Hace muchos, muchos años, mi familia y yo pasábamos los veranos en un cortijo de la sierra de Córdoba, el mismo cortijo en el que mi abuela Ana trabajó recogiendo aceitunas cuando era chiquilla. Para aquel entonces sí que me habían salido ya los dientes, pero no hacía tanto de ello. Los veranos eran largos, calurosos y amables, y yo jugaba, corría, dibujaba y tenía también una ocupación secreta: leer. Claro que la lectura en sí no era el secreto, sino el libro que había descubierto a escondidas, uno de Lorca que se ocultaba en la mesita de noche del dormitorio de mis tíos. Se trataba también de un volumen pequeñito, y olía a aspirina. Cuando todos salían y la casa se quedaba en silencio, me sentaba en la cama de la pareja y abría suavemente el cajón oscuro. Creo que tendría yo unos ocho años. Parafraseando a J. M. Barrie, los ocho años son el principio del fin. Cuando se abría aquel libro mi mente escuchaba: “Y se me abrieron de pronto / como ramos de jacintos, / el almidón de su enagua / me sonaba en el oído / como una pieza de seda / rasgada por diez cuchillos”[6]. El romancero gitano, una obra maestra del octosílabo español, se desparramaba secretamente frente a mis ojos enmascarados tras sus primeras gafas. Aquel generoso librito no sólo contenía el romancero, los editores habían tenido la amabilidad de incluir Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías con su: “Las heridas quemaban como soles / a las cinco de la tarde, / y el gentío rompía las ventanas / a las cinco de la tarde. / A las cinco de la tarde. / ¡Ay, qué terribles cinco de la tarde! / ¡Eran las cinco en todos los relojes! / ¡Eran las cinco en sombra de la tarde!”[7], y también Diván del Tamarit, el ensayo poético de Lorca sobre lo más andaluz de Andalucía, la huella árabe. Poseer esta maravilla a los ocho años equivale a ser dueña de una enigmática y hermosa caja sellada, con la promesa de que recibirás la llave al cumplir la mayoría de edad: “Por las ramas del laurel / vi dos palomas oscuras: / La una era el sol, / la otra la luna. / ‘Vecinitas’, les dije, / ¿dónde está mi sepultura? / ‘En mi cola’, dijo el sol. / ‘En mi garganta’, dijo la luna”[8].

Crecer es inevitable, y cuando se convierte uno en adolescente lo más normal es que prefiera los dramas de Federico a su poesía. Mi caso no fue diferente. En el instituto representamos La casa de Bernarda Alba. Todavía recuerdo el sobrecogimiento que sentí el día del estreno al ver la sombra proyectada tras la sábana blanca, el simulacro del suicidio de la joven. El adolescente entiende mejor que nadie los sentimientos universales de injusticia: la imposibilidad de tener hijos en Yerma, la angustiosa falta de libertad en La casa de Bernarda Alba, el amor prohibido en Bodas de sangre; la irrupción de la muerte, las represiones impuestas por las convenciones sociales, los sentimientos más descarnados: “Yo era una mujer quemada, llena de llagas por dentro y por fuera, y tu hijo era un poquito de agua de la que yo esperaba hijos, tierra, salud; pero el otro era un río oscuro, lleno de ramas que acercaba a mí el rumor de sus juncos y su cantar entre dientes. Y yo corría con tu hijo que era como un niñito de agua fría y el otro me mandaba cientos de pájaros que me impedían el andar y que dejaban escarcha sobre mis heridas de pobre mujer marchita, de mujer acariciada por el fuego”[9].

En cuanto a la propia adolescencia de Federico, les recuerdo que publicó su primer libro con 20 años. Impresiones y paisajes muestra a un jovencísimo poeta asombrado por la maravilla del mundo, sufriendo la tortura de enfrentarse a su propia identidad, su “dolorosa conciencia de saberse diferente”, como reza el prólogo de Miguel García Posada, o dicho en palabras de Federico: “En la vida que arrastramos de atareamiento y preocupaciones extrañas, pocos son los que se espantan de pena y delicadeza ante un jardín… y los pocos que nacieron para el jardín son arrastrados por el huracán de la multitud”[10].

Sin embargo, ya lo he dicho antes, algunas de sus obras sí necesitan de un público adulto. Entre ellas, las que el escritor llamaba sus “comedias irrepresentables”, obras de teatro menos comerciales, por las que Lorca se desvivía, piezas como Así que pasen cinco años o El público. En estas la materia subconsciente, el surrealismo, el expresionismo, el simbolismo se entremezclan con el lirismo insoslayable del autor, así como con un contenido abiertamente homosexual. A su lectura devota me dediqué ya en la universidad. Pertenece a esta categoría uno de sus mejores libros, Poeta en Nueva York, con el que me devanaba los sesos en mis días de estudiante de filología, dispuesta como yo estaba, ingenuamente, a completar el rompecabezas. El poemario, poliédrico, polisémico, crece con cada lectura y rehuye los encasillamientos críticos. Llegué incluso a enfadarme con el libro, le dije lo que se le dice a un amante despechado: “No eres tú, soy yo”. Y lo arrojé al fondo de alguna estantería: “¿Cómo fue? / Una grieta en la mejilla. / ¡Eso es todo! / Una uña que aprieta el tallo. / Un alfiler que bucea / hasta encontrar las raicillas del grito. / Y el mar deja de moverse.”[11]. Años más tarde fui a Nueva York, y allí me reconcilié con el libro y conmigo misma, pero esa es otra historia. Tomo mi viejo volumen de Cátedra, subrayado y maltratado por el uso, lo abro por la portadilla y veo que fue un regalo de Cristina, una amiga querida, mayor que yo. La dedicatoria dice así: “La semilla te aguarda, es un camino difícil, pero si tienes la llave no dudes en abrir todas las puertas”.

He citado algunos de sus libros, pero me dejo muchos otros. Lorca es en sí mismo una llave, y es al mismo tiempo innumerables y misteriosas puertas que conducen a la reflexión y al deleite, a salas de altos techos y oscuros anaqueles, a habitaciones con caballitos de cartón y carruseles con luces de colores y juguetes nunca antes vistos. Puertas que dan a escenarios preparados para la tragedia, donde se va a sufrir y a llorar. Puertas que abren aposentos encalados para el recogimiento espiritual, puertas de entrada a jardines de naranjos y fuentes con forma de estrella… Y como su literatura, así que pasen los años, siempre está viva y fluye como un manantial en la vega, se nos presenta con nuevo aspecto cada vez que volvemos a abrir las estancias en las que ya hemos estado antes. Su obra cambia conforme cambia nuestra vida.

Imagino que ustedes tendrán algún libro de Federico en casa. Déjenme repetir aquella invitación: no duden en abrir todas las puertas, ya tienen la llave.



[1] www.garcia-lorca.org/Federico/Biografia.aspx

[2] Canciones y poemas para niños, Federico García Lorca, Labor, Barcelona, 1984, p. 16.

[3] Canciones y poemas para niños, Federico García Lorca, Labor, Barcelona, 1984, p. 17.

[4] Poesía, Obras completas, Federico García Lorca, ed. Miguel García Posada, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 1996, p. 59.

[5] www.garcia-lorca.org/Federico/Biografia.aspx

[6] Romancero gitano, Federico García Lorca, PPP ediciones, 1983, p. 55.

[7] Romancero gitano, Federico García Lorca, PPP ediciones, 1983, p. 91.

[8] Romancero gitano, Federico García Lorca, PPP ediciones, 1983, p. 110.

[9] Teatro, Obras completas, ed. Miguel García Posada, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 1997, p. 472.

 

[10] Primeros escritos, Obras completas, ed. Miguel García Posada, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 1997, p. 135.

[11] Poeta en Nueva York, Federico García Lorca, ed. María Clementa Millán, Cátedra, Madrid, 1996, p. 147.

 

Fuente: Ana Ramos Guerrero

FELICES FIESTAS

Integración de placas fotovoltaicas en las ciudades

 

Una de las criticas mas comunes a la implantación de placas fotovoltaicas en las ciudades es que pueden arruinar la estética de los tejados de las casas y de los edificios. Es necesario tener en cuenta la estética, y no solo el rendimiento económico, en el momento de decidir en que lugar de nuestras ciudades instalar las placas fotovoltaicas.
En un futuro todas las nuevas edificaciones de las ciudades contaran con sistemas fotovoltaicos totalmente integrados. El problema puede surgir al instalar las placas en edificios o mobiliario urbano ya existente. Una correcta elección del lugar y del mobiliario donde instalar las placas solares evitará el rechazo de la población.
¿Donde podemos colocar placas fotovoltaicas manteniendo la armonía arquitectónica de nuestras ciudades? ¿que elementos del mobiliario urbano son compatibles con los sistemas fotovoltaicos?
Pérgolas, marquesinas, cubiertas, persianas, fachadas, farolas, quioscos y barreras acústicas de calles son diferentes elementos que permiten una correcta y fácil integración arquitectónica de las placas fotovoltaicas en nuestras ciudades.
Las ciudades están repletas de lugares idóneos para instalar elementos fotovoltaicos. De esta forma evitamos el abandono de zonas agrícolas o la destrucción de zonas naturales para convertirlas en grandes parques solares.

Fuente: www.renovables-energia.com

El Procedimiento Monitorio en la Jurisdicción Social

 

La nueva Ley 36/2011 de 10 de octubre, reguladora de la jurisdicción social, que entra en vigor el próximo 11 de Diciembre de 2011, introduce, como una de sus novedades, el art 101, en el que se regula el proceso monitorio en la Jurisdicción social.
Es el procedimiento judicial utilizado para las reclamaciones de cantidad que no excedan de 6.000 euros, referidas a cantidades ya vencidas, exigibles y de cuantía determinada, que deriven de la relación laboral y que se reclamen frente a empresarios que no están en situación de concurso. 
Se excluyen las reclamaciones de carácter colectivo que se puedan formular por la representación de los trabajadores y las reclamaciones contra las Entidades gestoras y colaboradoras de la Seguridad Social.
El proceso se inicia con una petición inicial, con el contenido requerido en el art 101 de la nueva Ley 36/2011, que se debe acompañar de un principio de prueba de la relación laboral y de la cuantía de la deuda, así como la justificación documental de haber intentado la conciliación o mediación previa cuando sean exigibles.
Dicho principio de prueba se acredita  mediante alguno de estos documentos u otros análogos:
• Copia del contrato laboral.
• Recibos de salarios.
• Comunicación empresarial o reconocimiento de deuda.
• Certificado o documento de cotización o informe de vida laboral.
La petición inicial, por parte del acreedor, al Juzgado de lo Social, ha de expresar:
1. Identidad, datos de identificación fiscal,  y domicilio completo y demás datos de localización, y en su caso de comunicación, por medios informáticos y telefónicos,  del empresario deudor y del demandante.
2. Detalle y desglose de los concretos conceptos, cuantías y periodos reclamados.
Dicho escrito debe ir acompañado de los documentos que acrediten la existencia del principio de prueba de la deuda, antes referidos.
Si el secretario judicial observa la existencia de defectos subsanables, se concede un trámite de subsanación de 4 días.
 Si el secretario judicial observa la existencia de defectos insubsanables o no subsanarse en el plazo de 4 días anterior, se da cuenta al juez para su inadmisión o admisión de la petición.

Si se admite la petición, se requiere al empresario para que en el plazo de 10 días pague al peticionario o comparezca y alegue, en el escrito de oposición, las razones por las que entiende que no debe, en todo o en parte, la cantidad reclamada. Del requerimiento se dará traslado por igual plazo al FOGASA
Existen tres opciones:
1. El empresario no paga ni comparece oponiéndose, entonces se despacha contra él ejecución.
2. El empresario abona o consigna el total del importe, se archiva el proceso previa entrega de la cantidad al reclamante.
3. El empresario o el FOGASA, formula escrito de oposición. En este caso, se da traslado al reclamante para que, en plazo de 4 días, presente ante el Juzgado de lo Social, demanda, con el posterior señalamiento de actos de conciliación y juicio en la forma ordinaria.
4. El empresario formula escrito de oposición solo relativo a una parte de la cantidad reclamada. En este caso, el reclamante puede pedir que se dicte auto referente a las cantidades reconocidas y no discutidas.

Fuente: Azira Abogados

Cobrar es posible: “El Procedimiento Monitorio”

Es el procedimiento judicial utilizado para el cobro de cualquier deuda dineraria impagada, que ha de acreditarse mediante alguno de estos documentos:
• Documentos firmados por el deudor o con su sello o marca, ya sea física u electrónica.
• Facturas, albaranes, certificaciones u otros documentos emitidos por el acreedor y sean los habituales para documentar créditos o deudas.
• Cuando, junto con el documento donde conste la deuda, se acredite una relación anterior duradera. (Una relación comercial continuada en el tiempo).
• Cuando la deuda se acredite mediante certificaciones de impago en concepto de gastos comunes de comunidades de propietarios.
El procedimiento monitorio comenzará por petición de pago, por parte del acreedor al Juzgado de Primera Instancia competente, en la que se expresará:
1. Identidad y domicilio del deudor.
2. Identidad y domicilio del acreedor.
3. Origen y cuantía de la deuda.
Dicho escrito debe ir acompañado de los documentos que acrediten la existencia de la deuda, antes referidos.
Para la presentación de la petición inicial del procedimiento monitorio, no será preciso abogado ni procurador, siempre que la cuantía reclamada sea inferior a 2000 euros.
Si se inadmite la petición inicial, al no constituir los documentos un principio de prueba, el acreedor tendrá un plazo de 5 días para formular apelación, si esta procede en base a la vigente Ley de Enjuiciamiento Civil. En este caso, si es necesaria la intervención de abogado y procurador.
Si los documentos aportados constituyen un principio de prueba del derecho al pago de la deuda, el Secretario Judicial requerirá al deudor para que en el plazo de 20 días pague al peticionario o comparezca y alegue en el escrito de oposición las razones por las que entiende que no debe, en todo o en parte, la cantidad reclamada.
En este último caso existen tres opciones:
1. El deudor no paga ni comparece oponiéndose, entonces se despacha contra él ejecución.
2. El deudor paga, aquí termina el proceso.
3. El deudor presenta escrito de oposición, en este caso, el asunto se resolverá en juicio verbal o procedimiento ordinario, dependiendo de que la cantidad reclamada sea inferior o mayor de 6.000 euros.

Fuente: Azira Abogados