PERSPECTIVA DE GÉNERO EN EL PLAN DE SEGURIDAD Y SALUD LABORAL

20/06/12

Este artículo trata sobre la perspectiva de género en el plan de seguridad y salud laboral en la empresa jienense, por ello, Carmen Contreras Rísquez, la responsable de la Unidad de Prevención de Riesgos Laborales de la Confederación de Empresarios de Jaén (CEJ) nos habla del tema.

Enmarcado en el Programa de Divulgación y Promoción de la Cultura Preventiva (PROMODI), la Confederación de Empresarios de Jaén, junto con la colaboración de la Confederación de Empresarios de Andalucía y la Consejería de Empleo de la Junta de Andalucía, ha realizado un estudio sobre la Perspectiva de Género en la Empresa Jiennense que pretende la promoción y mejora de las condiciones de seguridad y salud en el trabajo, incorporando un enfoque de género a los aspectos más sobresalientes del mundo de la prevención de riesgos laborales.
La incorporación de las mujeres al mercado laboral remunerado ha contribuido a una de las mayores transformaciones sociales y económicas de nuestra historia más reciente. Por ello se ha de reflejar en la PRL.
Los diversos estudios nos muestran, aunque cada vez con menos diferencia, que las mujeres se encuentran en los puestos de trabajo con mayor precariedad y menos retribución, lo que aumenta los riesgos a los que están expuestas, debido a las condiciones laborales asociadas a este tipo de puestos de trabajo.

Mayor eventualidad

Si nos centramos en las condiciones de trabajo específicos relacionados con los puestos de trabajo que ocupan comúnmente las mujeres, nos encontramos con una mayor eventualidad, menor salario y escasas posibilidades de promoción. Así, observamos que suelen ocupar el mayor porcentaje de los contratos a tiempo parcial, desempeñan en mayor proporción que los hombres trabajos monótonos y poco creativos, pero que exigen habilidad y precisión, manteniendo posturas inadecuadas y forzadas, movimientos repetitivos, y muchos de los efectos que sobre la salud tiene la actividad laboral se observan a largo plazo, son acumulativos y no visibles de inmediato, como las alteraciones muscoeslqueléticos.
La situación en Andalucía, no es muy diferente a lo expuesto anteriormente, como queda reflejado en los datos del Plan Estratégico para la Igualdad de Mujeres y Hombres en Andalucía (2010-2013).
No obstante, es palpable la sensibilización ascendente que existe sobre este tema y sobre el principio fundamental de la igualdad, y se nota que hay ya una cobertura legal, siendo el principal objetivo promover la igualdad real de las mujeres y hombres, eliminando cualquier barrera que impida alcanzarla
La prevención de las mujeres debe tener presente no solo el factor biológico relacionado con la capacidad reproductora de las mujeres, sino las diferencias corporales, de socialización, de roles a desempeñar y de las exigencias añadidas al puesto de trabajo por el hecho de ser mujer.
Así, para las mujeres la PRL tiene que incorporar la perspectiva de género para poder abordar de manera integral los problemas que les afectan más específicamente, considerando no solo la condición laboral, sino también los extralaborales (la doble jornada que muchas desempeñan como consecuencia del rol que asumen en el ámbito doméstico), así como sus repercusiones sobre la salud física, psíquica y social.

Estrés, ansiedad y depresión

La permanente necesidad de actualización y reciclaje para el desarrollo del puesto de trabajo, la falta de planificación, los problemas de organización, la desorientación, la inestabilidad laboral y el clima social, entre otros factores, suponen un aumento de los problemas relacionados con el estrés para toda la población laboral y particularmente para la mujer.
A estos factores estresantes hay que añadir las diferentes exigencias sociales para hombres y mujeres, tales como la doble jornada, la exigencia en cuanto a su imagen, la discriminación laboral o el acoso sexual.
A pesar de los cambios que se están produciendo en cuanto al reparto de las tareas del hogar, la mayoría de las mujeres son las encargadas de realizarlas. Esta doble jornada además de implicar un mayor número de horas, supone una división emocional entre las exigencias del empleo y las necesidades de la familia, generando con frecuencia una doble culpabilidad, aumentando la predisposición a enfermar o a cronificar dolencias y a sufrir accidentes.
Otro aspecto social es el relativo a la imagen es la necesidad que tiene la mujer de demostrar continuamente que es una buena profesional.
Las manifestaciones de ansiedad y depresión son más frecuentes en mujeres que en hombres. Esta supuesta vulnerabilidad está muy relacionada con los roles sociales que desempeña, con la situación familiar y con las condiciones de trabajo.
Al tratar los riesgos de la mujer trabajadora, es imprescindible hacer un enfoque de género que aborde las diferencias que se consignan entre hombres y mujeres a la hora de enfermar y sufrir accidentes.
Entre los riesgos psicosociales -teniendo en cuenta la perspectiva de género- podemos destacar el acoso sexual, la doble presencia, la precariedad laboral, la reproducción y lactancia, el “mobbing”, el síndrome de Burnout, la depresión, la ansiedad, la insatisfacción laboral…
Los trastornos muscoesqueléticos en la mujer a menudo son efectos que aparecen a largo plazo y con origen multicausal, donde se combinan diversos factores de riesgo laboral, y también extralaboral, propios de puestos ocupados por la mujer. Es verdad que la mujer realiza menos trabajos de levantamiento y carga de grandes pesos, pero si habituales trabajos que incluyen movimientos constantes y repetitivos, aún con menos pesos.

Soluciones

Las medidas específicas, para conseguir que el proceso de identificación y evaluación de riesgos, la puesta en práctica de soluciones y la vigilancia y para que la revisión sea más sensible a géneros, se pueden resumir en los siguientes puntos:
Identificación de riesgos: evaluar estos según la preponderancia masculina o femenina; no olvidar a los trabajadores a tiempo parciales, temporales o contratados por empresas de trabajo temporal; fomentar a las mujeres que informen de aquellos aspectos que piensen que pueden afectar a su seguridad y salud en el trabajo, así como de los problemas sanitarios que puedan guardar relación con el trabajo.
Evaluación de los riesgos: examinar las tareas que realmente se realizan y el auténtico contexto de trabajo; garantizar que las herramientas usadas en la evaluación contemplen aspectos tanto para los hombres como para las mujeres que trabajan; y prestar atención a los aspectos de género cuando se examinen las implicaciones para la seguridad y salud en el trabajo de cualquier cambio previsto en el puesto de trabajo.
Puesta en práctica de soluciones: fomentar la participación a las trabajadoras en la toma de decisiones y en la aplicación de soluciones.
Vigilancia y revisión: garantizar que las trabajadoras participen en los procesos de vigilancia de la salud.

Conciliación de la vida laboral y familiar

La conciliación de la vida laboral y familiar tiene una importante incidencia en la PRL, y sobre todo en los aspectos ergonómicos y psicosociales de las personas trabajadoras. Para la Organización Mundial de la Salud, “la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”; también consideramos la salud laboral como un derecho de la población trabajadora en su conjunto. La necesidad de conciliación del trabajo, la vida personal y la familia se plantea a todos los niveles como respuesta a una nueva realidad social y por la incorporación de la mujer al trabajo. Por ello, es necesario abordar esta problemática cumpliendo con la normativa y las reformas legislativas promulgadas a tal fin.

Fuente: Editorial Borrmat